"Mi compañerina”
Así me llamaba Chemo.
Constantes muestras de amor, besos, “te quiero”… yo era consciente de ser envidiada por las mujeres que presenciaban las efusividades de Chemo. Y más consciente aún de que jamás podría amar tanto a nadie como amaba a Chemo. Sentía con tanta intensidad, que temía me explotara el corazón.
Quizás a causa de las zalamerías y pública fama de mi novio, hube de enfrentarme a algunas “boutades” del no más listo del grupo de sus amigos: “¿Cómo le pescaste?”, a lo que respondía- invariablemente y con cierto aburrimiento-: “perdona: pero fue él quien me pescó a mí”.
A una semana de la boda, los amigos de Chemo le organizaron la despedida de soltero. Al saberlo por mi novio, imaginé que me sorprenderían con otra despedida de soltera las chicas del grupo, pues tenía entendido que las despedidas las organizan los amigos de los novios.
Pero no hubo tal cosa: mis amigas de la infancia me comentaron más tarde, en la despedida de soltera que organizaron para Irma, que pensaban que “mis nuevos amigos” me organizarían algo y, por ese motivo, ellas se abstuvieron. Nada de despedida por ese lado.
Y por el otro, tampoco.
Las esposas de los amigos de Chemo no pensaron, al parecer ni por un momento, en organizar ni celebrar nada para mí... y me hicieron sentir tan desplazada, triste y aturdida, que pensé en invitar a mi hermana a un pub y celebrar solas la despedida.
Esa noche de sábado en la que los amigos se llevaban a Chemo de tournée por los consabidos night-clubs, hube de decir a las esposas-tras ser preguntada al respecto por éstas- que si querían acompañarme a una discoteca: dijeron sí y, sobre la marcha, les pagué la entrada.
Es decir: que tuve que improvisar solita mi propia despedida de soltera...
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